miércoles, 23 de septiembre de 2009

Oswaldo Chanove. Sobre Héroes, Jinetes y Capitanes

El poeta Oswaldo Chanove "trabajando duro".


No había rincón en su vida que no
estuviese ocupado por el peligro
.

O. Ch.

Nació en Arequipa, en 1953. Ómnibus y Macho Cabrío, fueron algunas revistas que, en los ochentas, lo relacionan con una movida arequipeña en la que complotaba, entre otros jóvenes de entonces, el poeta Alonso Ruiz Rosas. Si en Lima estaba Kloaca disparando sus versos-molotov contra el stablishment cultural ochentero, desde Arequipa Chanove y Cía hacían lo propio a través de estas publicaciones contraculturales, como Revólver.

Se suele relacionar más el oficio de periodista con el de narrador, el caso más famoso lo encontramos en Hemingway. Pero también podemos hallar una relación directa del lenguaje periodístico con el poético, sobre todo en un poeta y periodista como es Chanove. Ese lenguaje directo, que se centra en los hechos, de aparente objetividad, con descripciones escuetas y sin retórica, que el lenguaje de la prosa ficcional recogió del periodístico, Chanove lo aplica a una poesía que, de manera lúdica, se basa en lo sucedido, en una serie de historias fragmentadas, piezas biográficas o ficcionales, y que no busca sino halla epifanías.

Desde antes de los romances clásicos que recogían historias orales, hasta su actualización con influencia surrealista hecha por Federico García Lorca, la poesía mayormente suele contar historias, sucesos. Para el lector, hurgar en este tipo de texto no necesariamente es menos difícil que tratar de desentrañar el poema más hermético o abstracto. Todo buen poema siempre guarda un misterio. Aludo al tópico del romancero, pues en la poesía de Chanove hay una intención de comunicación denotativa, desde los títulos de sus poemas (ejemplo: PERO LAS COSAS NO OCURREN SIEMPRE DE LA MISMA MANERA). Para explicar esto también es importante señalar la asimilación de lenguajes modernos como el del cine, el del comic, el de la televisión, hasta el más contemporáneo como es el del video clip.

Hay mucha influencia de la narrativa en su poesía, por supuesto, la del mentado Ernest, la de Salinger, Carver, en su mayoría norteamericanos. Chanove, cabe decir, ha escrito una igualmente ecléctica novela, Ikca trail (Lima, El Santo Oficio, 1998), y desde hace unos años radica en el desierto de vaqueros e indios de Texas.

Su primer poemario El héroe y su relación con la heroína (Lima, Libros de Macho Cabrío, 1983) abre ya su universo de mundos paralelos y entrecruzados, de parodias del western estadounidense con una realidad peruana convulsionada, de su búsqueda de libertad y transcendentalismo. Sobre la importancia que significó este primer libro en la poesía peruana, y el posterior aporte de Chanove, nos dice el crítico literario Ricardo González Vigil:

“(El héroe...) constituye un aporte novedoso al empleo de rasgos narrativos y coloquiales, y al interés por los medios masivos de comunicación... Sus poemarios siguientes han sorteado las debilidades artísticas de su primer poemario, consiguiendo frutos propios y personales a partir de una gama de corrientes disímiles (surrealismo, thriller cinematográfico, pop art, beatnik, 'realismo sucio', minimalismo, etc.) que él acierta en enhebrar con intensidad expresiva. Los grandes paradigmas de la Santidad, el Heroísmo y el Amor Sublime brotan en sus manos en clave jocoseria, en una mezcla de trascendentalismo y desmitificación, de idealidad y profanación que va más allá de lo establecido por Eielson o Luis Hernández.”

A estos dos nombres de poetas antecesores de esta poética se puede añadir la vanguardia de Carlos Oquendo de Amat, por ejemplo, quien en su Cinco metros de poemas recoge, literalmente, el lenguaje del cine para crear una poesía dinámica, directa y visual.

Desde que tengo fuerzas para roer un hueso/ Tengo ganas de hablar", nos dice uno de los poemas más emblemáticos de este libro, y nos plantea en dos líneas un arte poética que expresa una voz que se enfrenta constantemente a la adversidad, movido por el amor y la conquista del mundo, es decir, de la libertad. El símbolo del caballo es esa libertad que se aventura por la llanura, el mundo, donde lo único que lo puede redimir (al jinete) es el amor: “Escuché su historia: en/ la puerta la esperaba un caballo y una llanura/ en su casa su esposo la devoraba/ Grité que era mía y partimos en mi barco/ Pero el corazón me saltaba con el ruido del mar/ y el corazón me saltaba mirando la luna/ y el corazón me saltaba cuando nos batíamos a cuchilladas”.

En Estudio sobre la acción y la pasión (Lima, Libros de Macho Cabrío, 1987) el héroe es Cristo (su pasión, su sacrificio por amor), un Cristo salido de una suerte de guión cinematográfico, de un film de película de vaqueros mezclada con una policial: “Y es así como fue arrojado y cubierto por los signos/ de la imperfección; pero no eran los signos de la imperfección/ sino los de la singularidad.” En este libro el tratamiento simbólico y metafísico cristiano de los relatos nos recuerdan a un César Vallejo agónico y materialista cristiano. La poesía de Chanove es de una continua agonía amorosa contrapuesta a la fuerza erótica en la relación héroe-heroína. No es que la materia luche contra el espíritu, como la doctrina de los místicos; para que el espíritu goce, para que el cuerpo acceda a la trascendencia, la materia tiene que estar en una intensa agonía. Por una cuchillada o un balazo, el héroe siempre ha de caer, para que el amor se libere y lo libere:

2. Con una uña destrozo mi ojo (crimen pasional)
Dos o tres veces te he visto pasar
Así: un puñal de acero luminoso saltó hacia
tu cuerpo vulnerable.
Antes: nosotros estábamos casi en paz; seres con las
rodillas dobladas anchando los bronceados muslos
Desde el primer momento llevamos una cruz de ceniza. La
nariz mojada.
Dije: es mejor que pongas sobre la mesa algo valioso. Carne
rosada. Un afilado cuchillo nos muestra el sabor.
Descripción de ella: cejas negras de trazo fino
hermosa cabellera.
Vienes con el rostro marcado a decirme: ¡un instante!
Y yo murmuro: sí.
VOZ (en la bruma): los pájaros curvaban
sus garras rojizas.


El jinete pálido (Lima, Ediciones El Santo Oficio, 1994) trasunta en ese mundo ya marcado de pasiones carnales y espirituales, ambas igualmente sucias. El amor es un estado de descomposición que nos encamina al paraíso. Todo aquel que está enamorado, dispuesto a entregar su cuerpo y su alma, dispuesto al sacrificio, es el Salvador de la humanidad. Tú no tienes Marías que se van, le decía Vallejo a Dios; lo mismo puede increparle Chanove. El crimen del hombre no es haber matado a su hermano, es amar lo prohibido, es darle acción a esa pasión reprimida por la civilización:

I.LEVANTÓ SU ROSTRO LUMINOSO
El alma es melancólica
La melancolía proviene de la eternidad
Había una muchacha en la habitación. Levantó su rostro luminoso y una sonrisa fue formándose como una planta que surge de la tierra, se levanta y extiende sus hojas verdes para tomar sol
Comprendí entonces que era el momento de ofrecer una exhibición.

Las nubes se desplazaron por el cielo

La descripción de detalles es importante en esta poesía, como si la imaginación siguiera el movimiento de una cámara, mientras que el pensamiento explora los símbolos: “los dedos de sus pies se curvan hacia atrás, se/ desordenan, y un rayo, quebrado/ rasga lentamente la cópula del mundo.

El último poemario de Chanove es Canción de amor de un capitán de caballería para una prostituta pelirroja (Lima, Ediciones El Santo Oficio, 2002). Aquí no hay diálogos, ni técnicas narrativas, ni mucha mixtura. El lenguaje se concentra, como señala el título del libro, en canciones. La lírica y la musicalidad se acentúan magníficamente, con los versos centrados en medio de la página, marcando la unidad, a diferencia de la poesía anterior de Chanove, que estaba marcada por la fragmentación, la disparidad de enunciados y de referentes. Hay una voz más personal; confesional, hasta podríamos decir: “He experimentado muchas situaciones/ con la única intención de poder luego recordarlas.

En Canción la pareja héroe y heroína se delinea como cortada, por las siluetas, de una historieta de los otros; el poeta marca su territorio discursivo frente a un mundo agostado. El cantante empieza a recordar, y la redención los espera: “Es importante/ creer ahora y siempre/ que alrededor de nosotros/ algo valioso nos redimirá definitivamente”. La reflexión acerca de sus obsesiones es constante: “El misterio del amor eterno tiene su origen en que/ una fracción de vida/ es más potente que/ el resto de la vida.” Sobre el amor y su relación con el héroe nos dice además: “el amor es/ irracional/ Antisocial/ Absurdo.

El amor como vía y como fin es esa constante, ese motor que mueve la poesía lírica y, de alguna manera, épica de Chanove. Un par de versos, para terminar, nos resume esta pasión, que ha marcado ya un estilo en esta vertiente de la poesía peruana (heredera de Eguren, Eielson, Luis Hernández): “¿No andabas predicando/ que nuestra misión en este mundo/ es estar siempre/ enamorados?”.

Apolo, 17 de octubre, 2002

martes, 22 de septiembre de 2009

Chaqwa (1)



1


Era por la octava de los Difuntos.
Bajábamos de las chacras porque ya empezaba la nochecita.
Ahí fue cuando llegó el Comandante.
Un hombre grande, el Comandante. Su cara era grande y pálida, como una t'anta guagua cruda, de esas que se cuecen mal y se botan para los perritos.
Pero era bueno el Comandante.
Venía con gente vestida de verde. Cercó el pueblo y se llevó al Filomeno, el hijo de Filomeno Manrique, que había venido con cosas raras desde que bajó a la ciudad a aprender electricidad.
No sabemos por qué quería aprender electricidad.
En ese momento el Comandante no habló nada y se fue rápido con su gente. No lo pudimos conocer todavía.
Sólo era una t'anta guagua.
Otro día, unas semanitas después, regresó el Comandante con su gente: esta vez era de mañana.
Se llevó a Filomeno Manrique y a un evangélico. En el pueblo sólo había dos evangélicos. Ahora quedaba uno no más.
La tercera vez que subió el Comandante al pueblo ya habló más. Nos agradeció por nuestra cooperación y patriotismo. Su gente, nos repartió rollos de papel del baño.
El Comandante ya no era sólo una t'anta guagua. Era ahora un Amigo.
Nos contó que había otra gente. Gente que no estaba vestida de verde y que rondaba por los valles de abajo. Y que cada vez subía más. No sería raro que en los días siguientes se les vea por los alrededores. También había otra gente que tampoco estaba vestida de verde, que andaba subiendo por el otro lado, por la montaña. Teníamos que tener mucho cuidado, porque esa gente era mala.
Una vez estuvimos por la montaña. Hacía mucho calor. Algunos murieron.

El Comandante nos dijo que teníamos que organizamos. Nos entregó veinte estacas y nos dijo que si venía gente de los valles, teníamos que defendernos. Si venía gente de la montaña, teníamos que defendernos también. A partir de ahora, él vendría a visitarnos sólo en helicóptero.
A partir de ahora, la gente buena vendría sólo en helicóptero.
El helicóptero es como un avión, pero tiene las aspas arriba.
Las estacas nos sirvieron como ccapo en la Fiesta de Reyes.
Eran muy delgaditas. Así, que en caso de que viniese el Comandante y se ponga triste porque ya no habían sus estacas, hicimos otras. Más gruesas y afiladas, pero fuera de eso, se parecían bastante a las antiguas.
El Comandante no iba a revisarlas todas. Además, a lo mejor ni se acuerda cómo eran las que nos entregó.
Lo cierto es que poco tiempo después nos dimos cuenta que la gente no vestida de verde ya estaba muy cerca.
En medio del campo habían decapitado al evangélico. Le habían colgado un cartelito que decía Enemigo del Pueblo.
No estamos de acuerdo con eso de matar evangélicos. Son zonzos: no van a las Fiestas. Pero fuera de eso, son buenos vecinos, muy honrados y hablan ceremoniosamente.
Eso es bueno.
Cuando el Comandante nos entregó el papel y las estacas, el evangélico fue quien agradeció ceremoniosamente en nombre del pueblo.
Ahora, cuando nos regalen otras cosas ¿quién va a agradecer?
Una noche después, la gente que no estaba vestida de verde entró al pueblo. Algunos estaban vestidos con ponchos, pero la mayoría estaba vestida como quería, un poco como la gente de los valles. Vimos a algunos con esa ropa de fútbol que tiene números en la espalda.
Llevaban candelas y se formaron en círculo en la plaza. Hicieron que todo el pueblo salga. Salieron algunos. Otros nos escondimos. Con nuestras estacas.
Uno empezó a hablar. Dijo que se llamaba algo así como Carnada.
Era bajo y gordito. Su cara era redonda y llevaba unos bigotes debajo de su nariz que era como la racacha, oscura y llena de brotes.
Habló de que el Partido asumía la responsabilidad de la muerte del Enemigo del Pueblo. Y que sabía muy bien –porque el Partido se lo había dicho y el Partido sabía mucho– que había otros Enemigos del Pueblo en el pueblo. Es más: que la gran mayoría del pueblo era Enemigo del Pueblo. Ahora empezaría un juicio popular. En ese momento Carnada dejó de hablar, casi sin aliento.
Más que a la Carnada se parece a la Mamá de los Chanchitos, pensamos; y salimos de nuestro escondite con las estacas.
Como estaban muy ocupados echándole kerosene a don Filomeno, el papá de Filomeno Manrique, no se dieron cuenta que veníamos hasta que estuvimos muy cerca. Empezamos a pegarles y a picarlos con las estacas. Se asustaron y empezaron a correr. Dejaron rezagado a El Carnada, así que lo capturamos.
Le pegamos y picamos hasta el amanecer. Al principio se puso malcriado, hasta con nuestras abuelas se metió. Después lloró y pidió disculpas.
Después sólo lloró.


2


Ahora nos están colgando.
Es que nadie nos advirtió de la gente de negro.
La gente de negro vino de los valles y de la montaña. Y también en helicóptero. Así que no sabíamos muy bien qué hacer.
Estábamos confundidos.
Pero más nos confundió que nos digan: Ahora los vamos a colgar.
Trajeron bastantes sogas. Eran azules y parecían muy finas.
Se formaron en parejas. Pero en eso, el Doctor, que era el que los mandaba, dijo:
Caramba, acá no hay árboles.
Y es cierto, acá no hay árboles.
Nos llevaron a la capilla abandonada.
Nos subieron a la torre.
Antes de colgar a cada uno el Doctor decía: Me defraudaste, hijito.
Después nos amarraban la soga y nos lanzaban para abajo.
Ya casi damos la vuelta a la torre, todos los colgados.
Nos hubiera gustado advertirles algo, pero estaban tan afanados colgándonos que nos dio un poco de cosa.


3


Ahora estamos colgados.
Ya oímos los sonidos, los murmullos como de lluvia fina.
Luego vendrá el resquebrajamiento, como de una rama seca que se rompe. Después los ruidos serán muy fuertes.
Pero todavía estamos colgados y desde aquí arriba se ven nuestras sementeras y nuestros animales dispersos.


(1) Relato merecedor del segundo premio del concurso "El Cuento de las 1000 Palabras" de la revista Caretas, 2008.
(2) Arequipa, 1985. Licenciado en Literatura y Linguística por la Universidad Nacional de San Agustín. Obtuvo mención honrosa en el «II Concurso Literario de Cuento, Poesía y Ensayo Breve 2008», organizado por el semanario El Búho.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Voz Propia: "El Momento"



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