lunes, 28 de noviembre de 2011

El Arequipazo y la anestesia de la democracia (*)


Por Marlene Portugal (**)

Una de las características más palmarias de todo primate es su rasgo dominante, el primate es un animal jerárquico. El hombre, su pariente más cercano, también es un animal jerárquico, se trata de un atavismo, una herencia genética, una forma elemental de supervivencia.

Por ello, cuando los filósofos humanistas hablaban de igualdad entre los miembros de nuestra especie, se advertía el concepto como un ideal utópico, ficticio. En la práctica humana (y de cualquier ser vivo), la desigualdad está en nuestra naturaleza. Sin embargo, algunos hechos de la historia ponen en tela de juicio el carácter absoluto de esta idea.

Para explicar un poco este asunto, necesito escarbar entre diversos acontecimientos, se me viene a la memoria un suceso local, acaecido en nuestra ciudad, el Arequipazo, fenómeno social que marcó un hito en los anales históricos y quedó marcado en la memoria de nuestros conciudadanos. Aún suele ser recordada por muchos esa semana que empezara un viernes 14 de junio de 2002.

Ese día la calle San Francisco rehilaba estremecida bajo los pies de un tumulto, una masa indignada, conformada al principio por diversos grupos políticos que se dirigían, con bandera en una mano y piedra en la otra, rumbo a la prefectura, juntos formaban un confluido de voces y rostros iracundos en busca de un prefecto calificado de traidor. Ahora bien, se me ocurre trasladar la figura a una suerte de jungla, donde la enfurecida manada, conformada por épsilones, desea hacerse de uno de los machos beta. Temerosa, no era para menos, la “autoridad” se escondía en lo más recóndito de aquellas oficinas, realizando infructuosas llamadas por teléfono. El volcán había erupcionado y la lava se estaba desbordando.

Pero retomemos el asunto de la masa. Con el transcurrir de los días, esta suerte de avalancha, con efecto de bola de nieve, se hacía más grande y más compacta: socialistas, apristas, despedidos, universitarios, obreros, ambulantes, urbanizaciones, pueblos jóvenes, etc. eran una multitud que fluía sin distinción de rangos, género, posiciones económicas o niveles educativos, se experimentaba concretamente un contacto vivo, sin contraste alguno. Esta masa humana dejaba sentir poco a poco un solo grito, una sola bandera.

Un ¡Arequipa revolución! resonaba entre bombas vomitivas y lacrimógenas y campanadas de la catedral. Mientras la dosis represiva militar iba en aumento y las marchas enardecidas se diseminaban por diferentes calles del Centro Histórico, en diversos distritos, a una misma hora, se podía sentir el estruendo de un único modo de expresión de alarma y de protesta: El cacerolazo (inspirado, por cierto, en las madres de Mayo).

Resulta curioso y contradictorio pensar que sólo esta clase de hechos turbulentos y dramáticos resuciten la confraternidad, la homogeneidad y una suerte de “igualdad” entre los hombres, sin embargo, aquí aparece el rasgo atávico que nos semeja a nuestros parientes los primates, entre la muchedumbre, alguien debía sobresalir, debía surgir la imagen del “caudillo”, el oportunismo, otra característica que compartimos con nuestros primos y otros mamíferos, no se hizo esperar.

Después de doscientos heridos y dos fallecidos, todos sabemos cómo terminó la historia. Dice Mario Vargas Llosa, de la igualdad y la libertad, que son dos valores contradictorios, dos aspiraciones nobles humanas que, sin embargo, secretamente se repelen, sin embargo, en acontecimientos como el descrito, esa repelencia no es un estado perenne, entre ambas puede darse durante breves espacios de tiempo, una especie de tregua. Eso sucedió ese 14 de junio.

Levantarse contra un gobierno es vivir de acuerdo a las leyes de la tan mentada democracia, eso es libertad, y protestar al unísono crea el matiz de la igualdad, pero ambos ideales o valores sólo pueden coexistir durante momentos efímeros, es el juego volátil de una coyuntura.

Digamos que libertad e igualdad confluyen sólo como chispazos hasta que se extinguen, deben extinguirse. Entonces nos vuelve a la realidad este aspecto genético, el hombres es instintivamente jerárquico, la libertad y la igualdad, distan de nuestra naturaleza.

Entre los primates, el macho alfa, el dominador es el más fuerte, el más rudo y astuto. Entre los hombres prima la democracia, que según Bernard Shaw, es una mayoría incompetente eligiendo una minoría corrupta. Un rasgo que nos homogeniza es el pensamiento, la tendencia hacia un mismo objetivo, un rasgo que nos heterogeniza es la competencia, el primero es un rasgo, digamos, antinatural, el segundo va de la mano con la naturaleza, forma parte de su esencia. Pero la democracia intenta crearnos la ilusión de que ambas, igualdad y libertad pueden convivir.

Esa, supongo, también debe ser la tarea de los idealistas, crear la ilusión de que conceptos tan abstractos en algún lado y en algún momento pueden hacerse corpóreos, pueden encontrar una forma y hacerse realidad, pero precisamente la realidad está hecha de pequeños instantes.

El día último de la insurgencia arequipeña, se oyó en la Plaza de Armas, nuestro carnaval. Mijail Bajtin refiere que: “A diferencia de la fiesta oficial, el carnaval era el triunfo de una especie de liberación transitoria, más allá de la órbita de concepción dominante”. ¿Cuál era esa liberación transitoria en nuestro caso? Que nos escuchen o, por lo menos, que hicieran el ademán de escucharnos.

En fin, el casi olvidado Acuerdo de Arequipa funcionó sólo como una anestesia local, para evitar que ciudades como Tacna, Juliaca, Puno, que ya exacerbaban los ánimos, se levantaran. La danza carnavalesca celebraba un “triunfo de la democracia” irreal, ilusorio (nunca se logró la anulación de la licitación de Egasa y Egesur ni de las privatizaciones), pero efectivo, como cualquier placebo, así funcionó el supuesto diálogo con el gobierno.

Finalmente, de la democracia, los pensadores más lúcidos refieren que no es el mejor sistema de gobierno, sólo el menos malo. Quizás es la única fórmula ilusoria que atenúa o disfraza el instinto jerárquico del hombre.


Tomado de aquí.

(*) Ensayo que mereció el 1er premio del "V Concurso Literario de Poesía, Cuento y Ensayo Breve 2011".
(**) Estudió Literatura y Linguística en la UNSA.

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