sábado, 2 de diciembre de 2006

MULTIPLICIDAD DE LO INDIVISIBLE

Por Juan Zamudio

El libro-homenaje, Lima o el largo camino de la desesperación, al poeta Carlos Oliva (Lima, 1960 - 1994), fue editado en la ciudad sureña de Arequipa, espacio que está articulándose o haciéndose a una modernidad periférica -modernidad entendida como un organismo que segrega sus beneficios a la periferia de un modo diferido y reciclado-, por ser el centro (países desarrollados) desde donde se digita dicho proceso funcional a sí mismo. El centro hace de dicho proceso diferido en la periferia, es decir, la modernidad que llega a Arequipa a finales del 90 es similar y no simultanea a la de Lima de inicios del 90, y es por ello que este libro-homenaje es simbólico y refleja una sensibilidad urbana en lo discursivo. De algún modo el discurso urbano en la literatura arequipeña tiene una ausencia y la modernidad va por las calles y permanece en los ojos, en las actitudes, de los sujetos que conviven con ella. Arequipa es una ciudad que tuvo acercamientos ambiguos a lo urbano en lo literario en los 80, al ritmo de los grupos literarios "Ómnibus" (
Oswaldo Chanove, Alonso Ruiz Rosas, Misael Ramos), "La gran flauta" (José Gabriel Valdivia, Leandro Medina...) y demás grupos que eran fervientemente sociales; ya en los 90 se pasa a un lenguaje metapoético, estrategia que se despliega al negociar la identidad en la página, siendo Carlos Tapia, poeta y músico, quien tuvo una manera de abordar los cambios que en modernidad pasaba Arequipa, ciudad conservadora en sí -en múltiples sentidos-, en su primer libro de poemas Música para afeitarse.

A finales del 90, la identidad deja de ser un anclaje, estática, para ser móvil, negociada, en lo público y privado, es decir, las identidades son cambiantes; haciendo uso o parafraseando al narrador Ribeyro, quien dice: el yo es una especie de gaveta con múltiples cajones, y cada persona que se hace fraterna a uno tiene la llave de un cajón de dicha gaveta, dejando los demás compartimentos de uno inaccesibles al otro (Prosas apátridas). Y el leer a Oliva fue abrir un cajón de la gaveta que no había sido visto bajo las luces de neón, a través de una antología de la literatura peruana (II tomos) que armó Ricardo Gonzáles Vigil, siendo Oliva antologado en la generación del 90, y surgió la inquietud de hallar el poemario póstumo, editado el 95, en un viaje a Lima el verano del 2003; libro que hallé, en copias, por medio de un amigo de San Marcos.

Posteriormente, la idea de reeditar el poemario de Oliva surge, porque el 2004 se cumplían 10 años de su desaparición y entré en contacto con sus compañeros de ruta por la vía del internet para homenajear su poesía, y también me comuniqué con su familia en otro viaje a Lima, el verano del 2005. La edición fue lenta y se fue ampliando con un
prólogo del poeta y ensayista Paolo de Lima; y prosigue con el poemario que Oliva dejó armado; y se pasa a la sección "otros poemas", que se abre con una crónica del poeta Róger Santiváñez, congregando poemas que se publicaron en revistas y fanzines limeños póstumamente; y prosigue con el colofón del poeta y narrador Miguel Ildefonso.

La identidad, por consiguiente, pasa a ser una habitación de la que se entra o se sale, para pasar a otra, dentro de las múltiples que se puede asumir o practicar en relación al otro o con uno mismo, en equilibrio o al borde del mismo; esto último representa la portada del libro-homenaje a Oliva: Lima, la ciudad, lo público está afuera, zona en la que no sólo se negocia o asume una identidad en comunicación o comunión con el otro, sino, también, se reduce a un monólogo interno al hacerse de la lógica un arte al caminar por las calles.

El libro-homenaje desarrolla, también, una perspectiva social, ya que el quiebre de la utopía social se dio a finales del 80, dicha utopía es la búsqueda del espacio para desarrollar el equilibrio de los sentidos con música de fondo, y ésta hubiese cubierto como neblina la ciudad de neón dejándola en transparencia, la memoria del tiempo se convierte en acto y ésta hubiese silenciado los bocinazos, para pasar a crear el fuego de los sueños sin culpa en la conciencia. El tiempo es sed o ansiedad de salir del desierto de la palabra y habitar bajo el sol de la belleza. La utopía que se trasluce en la poesía del ángel caído, Carlos Oliva, es búsqueda de ese espacio; la desesperanza se filtra oscureciendo la poesía de Oliva, al saber que no es posible de rozar o ver (la utopía) y por ello atraviesa raudo la calle, en la madrugada, en medio de los apagones.

Lima o el largo camino… sigue un rasgo (de la tradición poética peruana), de manera acentuada, del poemario En los extramuros del mundo -coloquialidad que es plena en los 70, siendo este texto representativo- de Enrique Verástegui: "vamos paseando por Tacora / entre prostitutas y ladrones" ("Primer encuentro con Lezama"), intertextualidad que se refleja en las siguientes líneas: "mientras cruzo por colmena entre prostitutas y homosexuales / que no pueden tirarse un lance conmigo / porque ya me he tirado un lance con la soledad" ("Lima II"). Tacora y Colmena son espacios marginales en los que la violencia, sea esta delincuencial o el comercio sexual que se practica, hacen que el yo poético de En los Extramuros… busqué un diálogo con Lezama, y asirse de compañía en la ficción; y en Lima o el largo camino de la desesperación el yo poético se desliza una vez más a la soledad y hacer de lo uno, múltiple. Lo externo no es equivalente a una posible comunicación, sino, al fortalecimiento de la ansiedad de búsqueda; búsqueda de "algo nuevo" ("Lima II").

En la poesía de Oliva se conjuncionan la lógica matemática -por haber estudiado Matemática Pura en la Universidad Nacional de San Marcos hasta finales del 80-, su experiencia personal, en un paradero ficticio -paradero que es impreciso por el quiebre de la utopía social a finales del 80-, para echarse luego a rutas inmensas en espiral, que giran hacia adentro y afuera, al ritmo de una conciencia que sabe de los límites de sí misma y de los rasgos históricos del cielo: poseída por el consumo y sobre un primaveral bienestar en urbanizaciones enrejadas; mientras las mujeres no escuchan, sólo ven TV, hasta en sueños. Conciencia que no capta, todavía, el estremecimiento de la piel utópica y su posterior derrumbe en un punto dentro de una sucesión de puntos, en los manuales de historia. No lo capta. Y cuando lo hace, el yo poético es y no es Oliva, porque es plena anarquía de la ciudadanía, desorden -vistos por los otros- en ese deposito personal y ficticio que trasuntan las páginas de su libro homenaje.

El personaje de su poesía prosigue hacia el oeste y este tránsito-zona le es imposible-lejano como "Europa de mis bolsillos" ("Lobo estepario") y se aleja aún más "del mundanal silencio de los retóricos" ("Caballo del crepúsculo"), zona que simboliza lo público; el personaje de la poesía de Oliva ante esta certeza regresa hacia el este (lo privado), a su hogar, a la fraternidad de sus amigos, a sí mismo, en pleno dolor y vuelve, finalmente, a los elementos, luego de transitar en la urbe propia y externa y ve en la superficie líquida un "pentagrama de agua" ("Sobre la muerte") que refleja la música de las esferas que Pitágoras disfrutaba, ocasionando una des-conjunción del yo poético con la aparente urbe, para saber que el otoño es su morada.

Poemas de Oliva:

ANATEMA

A Richi Evangelista


Malaventurado el que lee y escucha
Esta poesía:
Palabras como voces de trompetas
Canto de ciento cuarenta mil
Ángeles caídos
Como estruendo de muchas aguas
El demonio se bañaba en ellas
Y no hubo señales
Sólo años de barbarie
La bestia cogió la llave del abismo
Y yo cogí un caballo blanco
Y empecé a cabalgar
.. .. .. . .. ...Un minuto cabalgando
.. .. .. . .. ...Un año cabalgando
.. .. .. . .. ...Mil años cabalgando
Buscando la tierra nueva
Itinerario de aquelarres siniestros
Como lágrimas negras que ruedan
Por mis mejillas, hiriéndolas
Imborrable desamparo del alma
Que cabalga sobre un arcoiris maldito
Y se pierde entre las dimensiones
Sangrientas de un tiempo
Tan desventurado como esta poesía.


EL SUEÑO Y LA MUERTE

A Miguel Ildefonso

Prosigo así, materia de sueño,
A quien olvida un loco esperando el recuerdo,
Avanzando hacia un oasis prohibido,
Donde no existe clamor, desnudez o misterio,
Tratando de alcanzar el horizonte,
O su eterna curvatura de cadena embrujada,
Que perenniza los sueños y los revierte,
Hacia un vértigo oscuro e interminable,
Blanco y negro, vértigo,
Punto volando hacia la nada,
Molécula brutal o fondo.
No ese sueño que vela a la sombra, iluminando
Una inmensa ola negra, descubriendo un dolor
Inesperado, estremeciendo recuerdos inefables.
Sueño que es victoria o fracaso, al llegar la noche.
Sólo habitando la noche, se vence la noche.

lunes, 13 de noviembre de 2006

CARLOS OLIVA

Por Miguel Ildefonso

Cuando Carlos Oliva decía de sí mismo, en la primera parte del testimonio que abre el poemario que dejó armado, Lima o el largo camino de la desesperación, que era "el poeta de la leyenda negra" o el "poeta-demonio-ángel en estado de pura rebelión" o que era "realmente, auténticamente, un marginal, un maldito", "el último mito del siglo", no hacía sino parodiar a los poetas que él admiraba. Llámese Baudelaire, Rimbaud o Allen Ginsberg. Hablando de sí mismo en tercera persona, parodiando a aquellos sus íconos, su honestidad poética, su lucidez creativa, se reafirmaba en esa ruta oscura pero llena de iluminaciones, se sumía más en aquel largo camino -si bien trazado por el sacrificio o la inmolación- empujado por la auténtica rebeldía inclaudicable que ostenta todo verdadero creador.En la segunda parte de ese testimonio prologal, se responde él mismo, con la misma parodia que apenas oculta su sencillez: "Es cierto que en mi vida he cometido demasiados excesos y tal vez gran parte de lo que se habla de mí sea verdad, pero también creo que uno es libre de hacer lo que mejor le parezca sin tener que ser cuestionado por los demás. Yo pretendo mantener mi privacidad y no me gusta que husmeen en ella. Pero también creo que han exagerado mucho al hacer comentarios sobre mi vida." Más adelante dice: "No creo haber escrito mi mejor poesía. Creo que poco a poco voy madurando para producir lo mejor de mí."Cito estas sus palabras para destacar, aparte de su poesía, los aspectos personales que me impresionaron de Carlos Oliva. El sentido lúdico y humorístico, que demostraba una inteligencia clara, por un lado. El respeto y el saberse ubicar con humildad en la tradición poética de los contestatarios o ángeles rebeldes. Esa humildad que con lucidez le hace ver a todo verdadero creador hasta sus propias limitaciones, pero a su vez, le clarifica su horizonte para poder seguir desarrollando una auténtica obra de arte. Humildad poética que se transforma en genialidad para avizorar el futuro, y parodiarlo, así como Carlos Oliva, al enfatizar su disgusto cuando husmean su privacidad o cuando se la exagera.La limpieza de su mente le hizo distinguir entre el Oliva poeta-ángel-demonio y el Oliva de carne y hueso, como queda claro en aquel testimonio prologal. Esos excesos, que también me llamaron la atención, quizás sobrepasaron a su voluntad de separar ambos aspectos de su personalidad. Pero más creo que fueron aquellas fuerzas irracionales que están bajo el motor de la poesía. Lo decía en sus poemas, lo anunciaba, nos lo advertía. Eros y Tánatos, luz y decadencia, purificación y final de la noche. El fuego que iluminaba el largo camino terminó por juntarlos. Y solo después de la noche podemos ver ahora que el fuego de su poesía fue más que el de la ciudad, que el de la noche de esos años iniciales del noventa que le tocó vivir, que nos tocó vivir, en la mancha de Neón que se acabó porque él dejó el grupo. Porque además sabía que ahí estarían esos poetas que lo estaban acompañando, algo más jóvenes que él, que veían en él ese fuego demasiado llameante, y a los que él sonreía como un niño delgado y alto, pero no con miedo.Ese valor para ser un auténtico poeta, para lograr en solitario, como decía Luis Hernández, esa soñada coherencia, es otra de las cosas que pude ver en él. Y todo ello siempre está presente en mí, y sé que será así hasta el final de la noche o hasta el final del día, cuando el último poema sea la tranquilidad de haber hecho, a pesar de los errores o caídas, algo bueno y duradero para los demás.

28 de septiembre

en la foto: Carlos Oliva

CARLOS OLIVA: ANTE EL DIOS DE LA LUZ QUE SIEGA Y LA DIOSA MUTILADA

Por Carolina O. Fernández

Lima o el largo camino de la desesperación, libro póstumo de nuestro querido poeta y amigo Carlos Oliva contiene veintidós poemas que guardan unidad en el ritmo, la energía y la materia. Son veintidós poemas dedicados en su mayoría a la urbe (madre mil veces violada y todavía virgen)(1), que lo vio nacer; también están dedicados al vínculo fraterno de sus hermanos de ruta: Rubén Grajeda, Miguel Ildefonso, Paolo de Lima, Richi Evangelista integrantes del grupo Neón que con luz propia apostaron por la integración de las artes para hacer tajo a la cultura del miedo y del terror en los 90; también en Lima o el largo camino de la desesperación encontramos poemas dedicados a sus amigos sanmarquinos Selenco Vega, Marco Díaz y Percy Díaz, a Rosa María Díaz y a su madre Carmen Valenzuela, ciudad/madre que con el corazón sangrado cobija a los hijos confusos de la medianoche.

Lima, ciudad a la que amó y entregó su vida como un tributo a la diosa de brazos y pies mutilados se convierte en una imagen de la patria mortalmente herida entre los 80 y los 90. Pero no todo está perdido, pues de esa larga noche surge un contrapunto de cantos y poemas que abre la posibilidad de un territorio completamente distinto no sólo para la ciudad/madre sino para el mundo como veremos en el "Poema sin límites de velocidad"; más, al conjugar el proceso creativo con pulsiones de vida y muerte en un impresionante código de amor y desamor, como José María Arguedas, nos muestra la urgencia de apostar por vías alternativas a la desesperación no en un futuro incierto sino desde hoy, en el instante pasajero del presente.

Punto de vista espacial y temporal del yo poético
El yo poético, es un viajante en tensión entre la vida y la muerte. Viaja por la ciudad de Lima de un extremo a otro configurando en presente y en primera persona a un navegante exhausto y presuroso, demonio y ángel caído, náufrago, solitario, hijo pródigo, amigo, estudiante, desempleado, subempleado, poeta búho, un rebelde anarquista; en suma, un gladiador que con honor halla en la poesía a fines del siglo XX, una manera de supervivir y de enfrentar la desesperanza, el dolor, el desamor, el vacío, la angustia de la existencia cuando no se tiene nada que perder porque ya se ha perdido casi todo entre apagones, coches bomba y miseria apabullante, una inflación nunca antes vista en la historia del Perú ni en América Latina, tal es la violencia en la devastada y mutilada ciudad que una inmensa ola oscura lo envuelve y brega con ella como un surfista ante un atormentado Poseidón porque "sólo habitando la noche se vence a la noche".

Poética de la supervivencia
El yo poético revela que, para supervivir, se alimenta de poesía a hurtadillas en el hogar como de la gracia de la amistad todavía bullente en algunos espacios de la ciudad. Nunca se le vio más contento que aquella vez que obtuvo un simbólico premio, pues en su casa, por primera vez, durante unos días, le fue permitido dedicarse plenamente a escribir.

La poética de la supervivencia encuentra en la poesía un espacio de integridad y dignidad "surtidora de frutos". La poética de la supervivencia busca en el pasado y en los resquicios libres del presente el futuro de la ciudad amada entendido éste como la búsqueda del "verso infinito" de la generosidad, la solidaridad y el don del amor.

Poesía es salvación, porque "el canto por el canto en si no existe (ni siquiera en los pájaros)/el objeto de mi canto, afirma el poeta, es liberarme de mi mismo"; liberarse de la "condición humana narcisista, sórdida", liberarse de la presión luminosa que incita por todos lados al consumo de tarjetas de crédito y estimulantes para aliviar por instantes el dolor y las inconmensurables privaciones.

Poesía para el viajante es compañía, soplo vital, luz, amistad, plenitud, por eso sus poemas no sólo son propiedad suya, sino del lector como de todo aquel que renuncia al afán compulsivo de apropiación: "Estos versos son míos, son tuyos, son de ellos y van más allá de todo". El poeta navega contra la corriente del mercado que absolutamente todo lo convierte en mercancía.

¿Qué principios gobiernan la existencia social en los 90 y hoy en día? ¿A qué renuncia el poeta? ¿Predominan los intereses y salidas que fomentan el individualismo porque ya no hay nada en qué creer? ¿Es que son contrapuestas la individualidad/autonomía y las metas colectivas?

El individualismo narcisista del que nos habla la voz poética de Carlos Oliva, en otro tiempo y espacio Sor Juana Inés de la Cruz o si ustedes lo prefieren Lacan, es el individualismo que el mercado y la globalización capitalista hoy en día exacerba en todos los niveles y grupos sociales convirtiendo al semejante en enemigo. Esta primacía del principio individualista del mercado conduce a obtener el "éxito" a cualquier precio, incluso en el campo literario.

La derrota de la esperanza a fines de los 70, los 80 y parte de los 90 frente a la violencia estructural, a la guerra interna en el Perú y a la reconcentración del poder económico y político del capitalismo globalizado condujo parcialmente a la muerte de Dios, es decir a la muerte de la razón genocida, a la muerte de los falsos profetas y de las vanguardias de derecha e izquierda y sus autoritarios centralismos democráticos; no obstante, en su lugar, no tardó en propagarse cada vez más la imagen del goce narcisista, de la competencia a muerte para lograr el "éxito" a toda costa, el "sólo importas tú" o el "sálvese quien pueda" del individualismo, en tanto principios impuestos por el neoliberalismo como parte de su política cultural "invisible" (afirmamos esto porque aun cuando no hay leyes escritas en esos términos, el capitalismo globalizado programa cómo apropiarse del imaginario ). La imagen de Dios vuelve revestida de la luz cegadora del "éxito" de metálico paisaje, en el "Nombre del Padre" diría Lacan. Así, el "sólo importas tú" es la imagen del Otro generalizado que se impone con una apariencia de libertad que esconde la más absoluta dominación porque logra que el individuo se sujete a las fauces del mercado mirándose en el espejo con los ojos del dominador. "Yo es un Otro" diría Arthur Rimbaud. En el siglo XXI, ¿es ese otro el que impone la ley también en el campo literario?

Carlos Oliva no se sujetó a esas reglas, las enfrentó a muerte con el arma de su poética y su "anarquía", por eso su desaparición no fue un casual accidente como no lo son la violencia estructural y social que se acentúan cada día.

Más no todo está perdido, porque contra el desamparo, contra el viento desventurado, es necesario buzear, imaginar, buscar, arriesgar en y por "el verso infinito": "Yo cogí un caballo blanco y/ empecé a cabalgar./ Un minuto cabalgando/ Un año cabalgando/ Mil años cabalgando/Buscando la tierra nueva".

En esa búsqueda intensa y larga no se detuvo hasta imaginar una ciudad/madre audaz, canora, intensa:

POEMA SIN LÍMITES DE VELOCIDAD

He visto una ciudad
............una avenida
............
una calle inundada de cantos
De poemas sonando como bocinas de carros
Y autopistas sin guardias de tránsito
Poemas a 200 Km. P/HLibres
......raudos
............veloces por llegara los oídos del mundo
donde la ansiedad
............la droga
............y los atropellos
inventan colores siniestros.
Y en medio de todo
............Yo con mi bocina
............Yo con mi voz levantada
Entre tantos accidentes
Risueño
......Ilusionado
...............Y sin más palabras
Que estos versos sin frenos por las avenidas.

Carlos Oliva, como él mismo lo expresó, vivió a la manera de los poetas malditos no con el fin de llamar la atención o como parte de una estrategia de marketing sino porque jamás se dejó domar por las reglas de la luz que ciega.

LIMA o el largo camino de la desesperación, libro/homenaje, tiene un autor, nuestro entrañable amigo Carlos Oliva, su publicación y el encuentro de hoy obedecen a la asociación solidaria y fraterna de los poetas amigos de Arequipa, de su familia y de los poetas que con él conformaron el grupo Neón. El libro que nos congrega es resultado de esa asociación solidaria, con lo cual demostramos que existen otras vías, otras formas de convivencia entre los hombres y mujeres de este mundo. Permítanme concluir este breve comentario citando a Roger Santiváñez porque sus palabras revelan la imagen poética que trascendía de nuestro amigo y poeta Carlos Oliva: "Pandillero y rebelde como el sólo, terriblemente tierno. Oliva es el héroe de nuestra época. Murió para salvarnos a nosotros. De eso estoy seguro. He allí su poesía y su gloria".

Lima, 26 de septiembre del 2006

NOTAS
(1) Verso que tomo prestado de Mariela Dreyfus.
(2) Alienación en términos de Lacan, colonialidad en términos de Quijano.

en la foto: portada de las segunda edición del poemario Lima o el largo camino de la desesperación. Arequipa: Grita ediciones, 2006.

HOMENAJE A CARLOS OLIVA

A continuación, adjunto parte de los textos que se leyeron en homenaje al poeta Carlos Oliva y que fueron publicados, a los pocos días, en la página chilena letras.s5 dedicada a difundir las artes en sus amplias manifestaciones como explosión de silencio y transparencia en el bullicio de una concurrida plaza pública.

El jueves 28 de septiembre, en el Centro Cultural del Bar Yacana de Lima, se realizó la presentación del libro Lima o el largo camino de la desesperación del poeta Carlos Oliva (Lima, 1960-1994), con un lleno total. En la mesa de presentadores estuvieron el editor del libro-homenaje, el poeta arequipeño Juan Zamudio; Carolina Fernández, poeta e investigadora literaria; y Nelly Oliva, hermana del poeta. En una segunda mesa leyeron los poemas de Oliva los poetas Luis Fernando Chueca, Alessandra Tenorio,
Andrea Cabel, Diego Lazarte y Willy Gómez. El cierre fue con la música de Raúl Montañez, Piero Bustos y Cachuca. A continuación, presentamos dos poemas de Carlos Oliva, seguidos del texto de presentación de Carolina Fernández y de unas palabras de homenaje del poeta Miguel Ildefonso, leído también ese jueves 28.

S/T
Tu tesoro, Carlos Oliva, es el amor que perdiste
En tus manos de navegante ebrio,
De náufrago sobre un tronco a la deriva,
De marino agotado de tanto nadar contra la corriente,
Para llegar tenuemente hacia la resaca.
Mi poesía en sí no tiene nada que ver con la poesía:
Es un claro de condenado.
Es una protesta, pero esta protesta es principalmente
Contra mí mismo.
El canto por el canto en sí no existe (ni siquiera en los pájaros).
El objeto de mi canto -lo que sea- es liberarme de mí mismo,
Negarme a mí mismo, es decir, salvarme de mí mismo.
De mi propia autodestrucción que está a punto de desintegrar mi vida.
Es una protesta contra mi condición humana, narcisista, sórdida y decadente.



EL HIJO PRÓDIGO

A Carmen Valenzuela
de su insoportable hijo
al cual no se cansa de soportar

Me observabas aquella mirada
Que no podías descifrar
¿Qué hago? Te preguntabas, indecisa, con este hijo
Yo pretendía iluminarte el mundo a punta de versos
...... Yo, el primogénito de la familia
..... .. .... El hijo descarriado
..... ... .. . .... La oveja negra
El eterno hijo pródigo que iba y venía
..... .. .... Y jamás se detenía
El eterno navegante del diluvio
..... .. .... El solitario pasajero de la lluvia
El último reducto de la noche, y en la noche
Ya no cantan los búhos a la luna,
Las horas son apenas un goteo de aguas
Y al amanecer se presenta y no se presenta documentos
De identidad y no se piensa pagar el pasaje necesario
Para tener la vía libre
Y todo es una confusión de arena en el reloj
Arena que cae hasta formar el tiempo preciso.

en la foto: Carlos Oliva

LIMA O EL LARGO CAMINO DE LA DESESPERACIÓN (APUNTES A LA PRIMERA EDICIÓN)

Por Selenco Vega

Son once los poemas que conforman este breve volumen (póstumo) de quien fuera fundador y líder del movimiento cultural Neón, Carlos Oliva Valenzuela, muerto en Lima en un grave accidente automovilístico. La particularidad de los textos (relacionados temáticamente), está dada por la fuerte identificación entre el yo que habla y sus dos referentes inmediatos: la ciudad y la muerte. En el primer caso, las calles, esa "ola insaciable de pareceres " (p. 12), con sus semáforos, su caos y su asfalto, constituye el espacio escenográfico de la dura visión del poeta, donde "el amor es una palabra que no se ve por ningún lado " (p. 15). El primer referente se conecta con el segundo y definitivo: la muerte, "único bastión que purifica bajo estas luces de neón" (p. 12); la muerte, a partir de la cual el yo poético construye su propia imagen descarnada, esa muerte que Carlos Oliva conoció en toda su dimensión en el verano de 1994, con 34 años "en los bolsillos de mi blue jeans y una visión tan fresca como un vaso de cerveza" (p. 12).
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7 de marzo, 1996, Caretas Nº 1404.......
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Por Ricardo Gonzáles Vigil
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Co-fundador en 1990 del grupo Neón y editor de la revista de poesía Ínsulas Urbanas(1991). Carlos Oliva es el primer rostro nítido de la generación de los años 90, el primero en tomarse una leyenda en vida (poeta “maldito” entregado a los excesos, incluidos los de la droga, siempre “en busca de lo desconocido” y en oposición al orden capitalista existente) y en su temprana muerte, arrollado por un microbús. Espíritu neovanguardista en la ruta abierta por Hora Zero y Kloaka, habitante de los barrios populares y marginales pero no impulsado por Eros (motor de Pimentel, Ramírez Ruiz, Verástegui, Santiváñez, etc.) sino por Tánatos, es decir, por un impulso de muerte y autodestrucción.“Escribo como alucinado, (...) Cada vez que busco con desesperación una cosa que termino por encontrar comprendo que eso no basta. Entonces, preso de una fuerza extraña, busco otra cosa hasta conseguirla sabiendo de antemano que no me satisfacerá; es por ello que disfruto con el dolor y deseo la muerte”.
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en la foto: portada de la primera edición del poemario Lima o El Largo Camino de la Desesperación. Lima: Editorial Hispano Latinoamericana, 1995.