lunes, 30 de noviembre de 2009

Matilde Granados

Matilde Granados y fondo de algarrobos piuranos.
1

Sé, que a nadie le debe importar mucho lo que me acaba de pasar.
Hoy el viento ha estado junto a mí. Ha atravesado mi cuarto por puro placer. He sido suya en mi propia cama, mientras mamá cocinaba y se olvidaba de mi existencia entre los olores de sus guisos que muy bien sabe hacer.
Grande fue el encuentro. Sus labios pronunciaron una sola palabra. Acarició mi corazón y al poco tiempo volví a despertar. La vida una vez más estaba enfrente.


2

Ahora más que antes te llamo, a ti, mujer de piel mortecina. Decirte que famélica me siento por ti. No mantengas en espera mis manos. Ven, dime que no hay definición para mis ojos desviándose puente al cielo. Bórrame la mente, las funciones vitales y esta idea de saber marcar la existencia cada vez que veo el sol.



3
A papá

Tu partida
dejó en mí
la sensación
de querer destruir el mundo.


4

Mi amor
camina entre partículas
de cemento.


5

Y ella lo envolvió en su paraíso
y le enseñó la eternidad de la noche.


6

Nunca volveré a mirarme en el espejo.
No dejaré que me vuelva engañar.



* Trujillo, 1986. Estudió Lengua y Literatura en la Universidad Católica Santo Toribio de Mogrovejo. Obtuvo el segundo premio en el concurso literario Lundero (2001) y el primer premio en los II juegos Florales Javier Heraud (2001), Lambayeque. Ha publicado el poemario Para oír el solfeo exiguo de mi cuerpo (2008).

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