sábado, 14 de abril de 2007

JANAÍ O PARA CANTAR BAJO LA LLUVIA

Janaí o para cantar bajo la lluvia. Filonilo Catalina. Arequipa: Grita Ediciones, noviembre 2005, p. 30.

La ternura de Janaí
El formato y la brevedad de Janaí o para cantar bajo la lluvia, último libro de Filonilo Catalina (Luis Rodríguez Castillo), no le extrae la intensa ternura que contienen los versos. El prosaísmo y coloquialismo de los libros anteriores de Lucho, no desmerece el acendrado lirismo que invade tierno y vigoroso esta última entrega. El amor motiva la escritura (cuando no), trastorna la palabra, pero la amada que habita en el vacío mora en las entrañas del poeta y busca un refugio en el mar que no es el morir sino el nostalgiar.

El amor coexiste con el dolor y el placer. El acuoso llanto y el orgasmo infinito lo extreman y lo veneran. Pero es la ternura, el mayor arrebato. Ese desprendimiento inusitado del ser que se posa en la ausencia o en su invasora presencia. No se puede vivir sin amor, mas el amor no es amor sin ternura.

En la poesía peruana, Manuel Scorza continúa lo que en algunos poemas de Carlos Oquendo de Amat se puede denominar la ternura del discurso amoroso poético peruano. Nuestra lírica no está marcada por el sentimentalismo plañidero romántico, ni por la desdicha del bolero cantinero, el yaraví llorón, la chicha melancólica, tampoco por la tristeza dulce vallejiana, ni el más me pegas más te quiero. Es la dosis de ternura la que nos hace percibirnos como tales en el universo. Esa ternura que el gran Paul Eluard –a pesar de ser francés– nos atrae de sobremanera. En esta tradición lírica se instala el libro de Filonilo con acertados logros.(José Gabriel Valdivia)


Poemas:


2

(Apareció inventada como todo
Intenté el silencio y di con su voz)

Ella era
La ruta que trazaron
Las aves que emigraron de mi pecho

Sus pasos desorientaron las estaciones
Llovieron plumas
Y
Un geranio dio un clavel.


4

Soy la consecuencia de tus pasos
Y cuando señalas la luna
Mi corazón
Apunta con un dedo tu rostro

Soy el reverso de tu ausencia
Y tú eres
Sin adornos como la verdad
Terriblemente bella.


JANAÍ (identikid)

Tiene
la serenidad de una flor

Conserva
el lindero del mar en sus labios

Sus manos dan
la temperatura de un girasol


7

Olía a mañana
Ella era
Alegre y alocada como un pájaro a las seis de la mañana

Solía
Envolver su desnudez con un verso
Salir a bailar y
Echar sus ojos al viento

Anochecía
Llena como la luna
Y amanecía
Con el sol al este de su cuerpo.


CARTA AL VACÍO

Espero que al recibir la presente te encuentres acompañada de la cálida estación que florece a cada uno de tus pasos y en compañía, claro, del ave que se posa a beber la sonrisa de tus labios.

Escribo desde el Este de mi cuerpo con las mismas ansias que tienen las aves en septiembre, para decir que tu silencio llama, todas las noches, a mi puerta y que la última vez que miré la mar, ella, me dijo que extrañaba tu sonrisa desvistiendo la ciudad, escribo con estas manos que junto a las tuyas simularon, alguna vez, una tierna bandada de pájaros, para contarte que ni la extraña curvatura que dejan los días, tampoco el infernal viento de agosto que hace por acá, han logrado desprender tu nombre de mis labios, está de más, decirte que tú eres quien respira en mis sueños y que cuando despierto lloro, mucho demasiado hasta reinventar el mar, te escribo con los días que dejamos huérfanos y tiritando sobre la banca de las plazas, para decir que nunca te deje de amar y que ciertas noches pronuncio lentamente tu nombre hasta desnudar la soledad y que en ese momento siento el desesperado aleteo de las aves que dejaste regadas en mi pecho, por ello te escribo, pero sobre todo para que sepas que tu recuerdo permanece tatuado en mi de la misma manera que la luna en el cielo.

Me despido de ti no sin antes recordarte que dijiste alguna vez que me amarías aún sabiendo que yo siempre sería de papel.


En la foto: portada del Janaí o para cantar bajo la lluvia.

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