sábado, 14 de abril de 2007

RE-VISIÓN DE NUEVA POESÍA EN AREQUIPA

Por: José Luis Córdova*

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Después de la irrupción horazeriana, se ha puesto en las pasarelas que cada nueva “implosión colectiva” de una región, venga cargada de un discurso irreverente en demasía al “canon” vigente, con posturas caudillescas cuya espada ha sido el tetrasílabo «innovación», o, en el mejor de los casos, «renovación», y que sólo ha pasado a ser “explosión” a través de mitos extravagantes, como el caso Verástegui, o de intrascendentes fouls deportivos que, valiéndose de líos domésticos en base a discursos de frágil ocurrencia y aceleradas declaraciones sobre quién ha sido el último que ha roto con la tradición, algunos postulan para negar –en una formulita posmoderna, y como sucede en estos momentos–, a la generación inmediata anterior; y aclamando a quien tomará ese supuesto “vacío”, todo eso, gracias a un excesivo ánimo heterodoxo, producto de un retrasado vicio yoista que, en excelsado ego, trafica intenciones mediatas de ser comidilla en el ámbito gremial, o, para decirlo en otras palabras, llamar la plena atención de sus congéneres.
Así, el contexto nacional, es un círculo vicioso (1) cuyas dosis de bilis descolorida, hacen que –caso Clemente Palma–, todo pase a ser meras anécdotas, que hacen ver por una parte, a estos “visionarios de la innovación” como simples cíclopes de cortísima vista horizontal que sólo alcanza hacia los costados inmediatos (y además, occidentalmente), y no quieren ver más adelante o atrás, mucho menos, arriba abajo –caso que, como veremos más adelante, no ocurre en esta nueva generación–; y por otra, los uniformiza y/o los esnobisa, y por ello no comprenden que ha sido la insularidad, y no las reuniones cantineras recargadas de yoismos, la que nos ha traído voces verdaderamente irreverentes e innovadoras.

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Y similar es el caso de la crítica, que a estas alturas, no es más que un discurso necrocrítico. Nacida con el síndrome valdelomariano (2) y puesta en las manos de un pequeño sindicato, está construida con un invulnerable autobombo, (culpa de las colectividades) y sólo ha dado en el oasis grupal autoinflaciones temporales de hidrógeno ignífugo, dejando en otro plano su verdadera función, esto, gracias a una cómoda labor de ver el medio, con esa fácil tolerancia de querer llevarse bien con todos, y en el entorno más cercano posible. Así, por ejemplo, tenemos la romántica crítica especializada, –que últimamente apela al refrito–; la condescendiente de familia; y la daltónica periodística, poco entendida, o, mejor dicho, desentendida en este campo, y que, aparte de la absurda «sinonimia», ha establecido títulos, al mismísimo estilo yanqui (3) , como “Literatura Peruana” (4) que enmarca a todo lo que se hace en Lima, y “Literatura Regional”, a todo lo que está exenta de ella, lo que se hace –citando al mass media–, en el “interior del país” (5) .
Ahora, si sumamos esto a la migración, tenemos como resultado la existencia de poetas que aún no son considerados en la llamada “poesía peruana de los 80” –mucho menos los que, con “propia voz”, hablamos o escribimos en este “interior”–, y siendo así, tendríamos también que emigrar para ser considerados, más adelante, dentro de un panorama nacional; cosa que no hicieron, por ejemplo, poetas como José Gabriel Valdivia (Flor de cactus y otras espinas), Lolo Palza (Naufragio de Noé), y Luzgardo Medina (Ad Libitum), que han alcanzado niveles que sobresalen en un panorama (6) casi uniforme, y que sólo han sido opacados por su menguada producción ataviada en un silencio inexplicable (¿la falta de crítica?) en cuanto a creación constante y actual se refiere.

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Es en este contexto, que este cliché –basado en «una antigua y renovada modalidad de convivencia: el grupo»(7) –, ha traído posteriores réplicas cargadas de tonalidades divergentes; y así, en los 80, década del pop y una juventud despreocupada, tenemos a Kloaka –lo más conocido de Lima–, mientras que en Arequipa –que no se vio ajena a este tipo de agrupaciones–, tenemos a Ómnibus, y Eclosión, en medio de una efervescencia de movimientos, cenáculos e insularidades, todas inconclusas, empeñados en editar una diversidad de revistas de corta duración, sólo por ese «gustito indefinible por ingresar en la historia» (8) .
Y, a decir verdad, para el caso local, esta generación, –que vino postergada una década después–, si bien fue disímil en el panorama nacional, también es cierto que no fue más que un «remedo con tonalidades y características propias de lo que fue (…) (Lima) del 70»(9) , y que, como en otros lugares del país y en diferentes contextos, surgió cargada de una “avalancha” de revistas, manifiestos, y todo tipo de instrumentos que sirvieron para difundir el quehacer poético de sus congregados: trifoliados, boletines, fanzines, plaquetas, recitales, etc.; siendo válido también, los «escupitajos y puñetes verbales (…) (entre) revistas»(10) , debido a discusiones acerca de quién era mejor, qué era verdadera poesía y qué no lo era, o qué estaba bien para publicarse y qué no, acusándose de hacer “remedos” o “adefesios” de poesía.
Posteriormente para la época del meneito y la macarena –mientras en Lima aparece Neón–, todavía ebrios de la fuerte movida ochentera, sólo quedarán algunos remilgos individuales y que Ablaciones ha llamado «fumarolas de los 90»(10) , cuya difusión estará a cargo de 2 importantes revistas que se silenciaron rápidamente: “Claraboya” y “Escritos (plegado de pensamiento, poesía y prosa)”. Eso es lo poco que se sabe de esta década, donde destacan Carlos Tapia Delgado que publicó Música para afeitarse (1998) y Jimmy Marroquín Lazo con Dinámica del fuego (2001); pero ya iniciado el nuevo siglo, y con la perspectiva que apuntaba Orgios, emerge nuevamente una movida trascendental para la poesía actual en el país.

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Esta nueva generación, aparece sin discursos panfletarios ni pronunciamientos de polémica vergonzante; al principio, son colectividades interesadas sólo en difundir su poesía (11) , y que observándola, ya transcurridos varios años, viene a ser la suma de individualidades, en una mixtura heterogénea que, con propósitos distintos, ve las cosas de otra manera: con la acostumbrada persistencia por la búsqueda, no son ajenos a ninguna voz, ni al contexto tanto inmediato como tradicional.
Tenemos el caso de Triángulo (Juan Yufra, Álvaro Fischer, Luis Rodríguez –hoy Filonilo Catalina– y Rubén Soto), que ha conseguido elevados logros con una producción equilibrada, y exploraciones resaltantes. Aparecidos al finalizar el XX, este grupo ha estado alejado del yoismo provocador y sólo se les ha visto esporádicamente, publicar en algunas revistas o leer su poesía en distintos recitales. A mediados de 2003, dieron un recital como agrupación en el Centro Cultural Chávez de la Rosa; posteriormente, Soto, en la docencia preuniversitaria, aún en silencio, regresó a su natal Puno; Filonilo, incansable, recorre el país difundiendo su creación a través de plaquetas y trifoliados; Yufra, reconocido con un premio de poesía, se dedica a la docencia escolar; mientras que Fischer, en un retiro extravagante, apuesta por la música vernácula ayacuchana; sólo ha quedado como referencia el sello editorial Triángulo y 5 textos editados.
Luego, en el 2000, surge otra de las más herméticas agrupaciones: el Círculo poético Enroque y más versos, cuya intención se ha expuesto en la captación de adherentes jóvenes de la Escuela. Su fundador Orlando Bedoya, destaca al lado del cuzqueño Martín Zúñiga, y realizan una edición, quizá, la más extensa en cuanto a números (21 publicaciones que son una mezcolanza de trifoliados, fanzines, plaquetas y boletines), pero empeñados en una invariable producción, su labor está quedando en una mera intención de dar a conocer las voces más jóvenes y disparejas de su entorno.
A mediados de 2001, aparece Orgios, con una hiperacción y un bullicio, que apenas duró medio año. La intencionalidad afín fue la de congregar a todos los poetas jóvenes en recitales a tribuna abierta, para luego antologarlos en 3 revistas (12) , que sirvieron de palestra para explorar, reconocer y cavilar sobre el nuevo panorama, y, como ya dije, marcaron el inicio de lo que ahora se expone, y que sin duda, considero como objeto de atención. Aquí aparece Oscar Saldívar, que publicó Hemiplexia a fines de 2002. Posteriormente en el 2003, algunos de sus adherentes fundaron la revista Cártel, de apenas 2 números, y un poeta publicado: Luis Ormachea.
Lo que seguirá, es la aparición de revistas de corte universitario impulsadas por individualidades y con propuestas abiertas de difusión, así tenemos a la desaparecida Caleidoscopio de la Escuela de Derecho, que sacó a la luz a Ignacio Infantas; Cara de camión (cuya vigencia llegó a 9 números), a cargo de Jimmy Barrios y Jimmy Brito, quien, además, co-edita desde mayo de 2004, otra revista bi-regional (Lima-Arequipa): Grita, con un proyecto editorial interesante, el cual consiste en auspiciar publicaciones de jóvenes a través de la ONG que lleva el mismo nombre; Ablaciones, que aparece a inicios del 2002 movilizada por 2 estudiantes de ingeniería: José Córdova y Lenin Velarde Paredes, donde se destaca una labor interesante que va, desde difusiones locales, hasta trabajos de crítica literaria, narrativa, entrevistas, artículos, etc.; y Lego, que aparece a fines de ese mismo año, a cargo de Ana María Flores y que también publica diversos géneros y algunos intentos filosóficos.

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Viendo este panorama y el contexto en el que se desenvuelve, puedo decir que ya hay algo más que alentador. Las nuevas voces, cuyos textos marcan nuevos proyectos de asumir poesía contemporánea, se levantan frescamente sin trompetas, sin histrionismos, y sin esfuerzos apurados por apretujarse en la combi. Y para dar algunos ejemplos, citaré a Álvaro Fischer, quizá uno de los jóvenes más interesantes, que con Tzolquin (2001), un conjunto de poemas, en su mayoría, de largo aliento (13) , despertó interés por ese solo tono casi vernacular (como en la narrativa arguediana), cargado de sesgos indo-americanos, precolombinos y occidentales, que conviven casi de manera conciliadora y que dista mucho del remedo snob; así, este sincretismo es llevado a la universalidad, en torno a un paisaje urbano bien pincelado en la palabra: «Un corazón se desangra en un pozo de agua/ Tu cadáver deambula/ con mis ojos», «Las horas con lepra, se-envejecen/ Paralíticos mirando el mar (…) y en su ventana,/ orejosas, fuma la noche/ marigüana»; «Los semáforos (…) se deshielan intro l e n t a m e n t e/ hasta reventar esa carne de ciudad// Año tras año las horas repletas en tráileres/ entran al sueño hasta pudrirse»; o , «Eurídice, muchacha-sombra escrita con el abismo del barro// Tu cuerpo ya es mi cuerpo repleto de agujeros negros», «El polvo está picasso en mi boca», «Tus ojos-son dos autos chocando en plena pista/ A toda velocidad», pero eso no es todo «Esta madrugada te suplica y te hace/ el amor con treinta céntimos en la combi (…) la carne de rodillas/ grita desiertos Envejece abortada en padrenuestros», «Dime, piedra negra-este río nomás por qué a mi corazón no ha volado/ Bésame tú, maíz negro, en este anochecimiento con este sol hielando mis huesos/ Escucha piedra escupida, nomás en mi oído el halcón está hablando con las serpientes (…) Ya Kantuta, desde la muerte cóndor ardiente que vuela/ Y piedra viva que retorna/ con esta entristecida lluvia/ ya no reír Ya tierra de la noche».
Otro ejemplo es el caso de Filonilo Catalina, que, con tonos sencillos y directos, explora la metaforización del lenguaje coloquial, así, en Memorias de un degollador o el mostruo de los cerros (2000) lo urbano marginal, como tema principal, se aproxima en un tono casi de reclamo: «Yo también fui un señor de lentes/ que (…) regresaba con hambre a casa (…) caminando entre señales de tránsito/ con el semáforo indicándonos el tiempo reglamentario de nostalgia (…) columpiándome los viernes por las noches/ en las piernas de una mujer que gime y dice/ que me ama», con una angustia terrible: «Cada vez que amanece/ despierto con un extraño remordimiento/ y otra vez le hablo a mis zapatos (…) A veces escribo un poema/ y lo envuelvo en una flor/ entonces me da vergüenza/ porque siento cómo se agrandan mis ojos// Ahora sé que el hombre crece cuando está solo –a diferencia de la mujer que sólo crece/ cuando está desnuda– y se hace terriblemente pesado», «La muerte es una mujer de piernas largas que camina apurada en la ciudad»; posteriormente, en La canción de la cucaracha (2003) consolida su estilo sobre un espacio más limpio y provocador; con una coloquialidad extrema y un acercamiento tangencial a Escribano, mezcla una alta «dosis de humor» (14) usando un lenguaje directo y cargado de ironía: «Un poeta jamás llevara un reloj/ porque el reloj marca el tiempo pero no el sentimiento», y le escribe a Juan Cristóbal: «De qué te sirve Juan/ ser la antorcha en una ciudad perdida y poblada por tanto verso malo (...) si el mundo está poblado de hijoeputas que gobiernan el planeta y que no saben de tu pecho abierto como el tajo más hermoso de una cesárea (...), Te escribo Juan y es cierto que todavía falta mucho para que estés muerto/ pero te escribo para (…) que vengas y algún día agarremos a esos hijoeputas de los pelos y (…) terminemos/ tatuándoles un verso de Carlos Oquendo a fuego lento/ Para que nunca olviden que ellos también salieron de la misma/ grieta por la que respira el planeta»; o se excusa: «Me declaro inocente/ de esta/ Infinita y enorme bestia vestida de azul (la tierra) (…) también/ inocente de la rara costra que se extiende en la tierra (el hombre) (…) Soy el animal que retarda tu olvido/ Sueño en tus sueños/ y cuando amanece/ despierto muerto a la orilla de tus pelos// Me declaro inocente de todo intento de libertad/ por eso tallo/ con esmero mis sentimientos/ y los esclavizo a la palabra».
Otro caso interesante es el de Nacho Infantas Moscoso, que con Piel de arcano (2003) hace una introspección alegórica a la palabra, como ente creadora y totalitaria: «Este cuerpo,/ no destruye, no contamina, resbala ígneo entre los átomos (…) NO ES/ un territorio conquistado, (…) es solamente la piel aún desierta/ de la palabra que te encierra», pues el lenguaje, en sí, es el génesis de todo lo que existe: «escribo en el silencio de la página/ “Amanecer”/ y amanece…», «ERAS/ Ese improvisado Dios/ Que se llenaba sus días/ Haciendo frágiles hombrecitos/ A su imagen y semejanza…», lo demás «reposa,/ se abandona a la marcha de la noche/ como la marcha fúnebre de millones de insectos alados», por ello «Sería conveniente/ morir/ como mueren las plantas, como muere/ el musgo (…) Desaparecer/ o transformarse», para descubrir «que todo este paisaje/ es sólo una palabra/ siempre fue una palabra» y que, si de pronto, todo despareciera, persistiría como dice Infantas, lo que más nos identifica: «AL FINAL» quedaría «LA OSAMENTA/ OBSCURA (…) DE UNA/ PALABRA».

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La poesía es sectaria. Esto se demuestra, cuando la vanguardia en las primeras décadas del siglo XX, apertura una gran diversidad de ismos que hicieron que la poesía estuviera en constante cambio, y sin embargo, no toda encontró recepción, de ahí, que sólo unos cuántos alcanzaran progresar y quedar consolidadas como escuelas.
De ahí también, que sólo unos cuántos degusten de ella; por ello, no me explico por qué se insiste en pronósticos absurdos acerca de una posible extinción de la poesía.Así, en este nuevo siglo, en esta ciudad que todavía se encuentra libre de saturaciones, donde se empieza a vislumbrar, otro panorama emergente, sólo diré –afirmando este nuevo panorama– a manera de conclusión y con palabras de Heraud, que la poesía sigue siendo «un trabajo difícil, que se pierde o se gana en los años», y que así, «conforme pasa el tiempo», ésta «se va haciendo trabajo de alfarero». No es, pues, un mero caldo teórico de posibilidades; tiene, como alguna vez me dijera José Ruiz Rosas, «sus porqués, sus cómos y sus cuándos»; por esto, sin recurrir a los ya amanerados agrandamientos y las famosas dalilaciones, sin caer en especificaciones apresuradas de vuelo de pájaro, reafirmo, lo que aquí se viene merece ponerle atención en un nivel diferenciado y más amplio, aunque claro, también cabe la posibilidad –remota– de que esto no necesariamente signifique calidad o cambio; eso, lo dejamos al juzgado de la historia.

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*Nació en La Libertad, 1979. Estudia Sociología en la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa (Perú) tiene publicado un libro de poemas: "Pre-Textos" (2002); edita la revista de creación literaria “Ablaciones”.
1. Donde la crítica, también tiene mucho que ver.
2. «El Perú es Lima; Lima es el Jirón…» y sólo me refiero a la crítica de Lima, porque aquí, es totalmente nula; de ahí, quizá, muchos críticos capitalinos desinteresados, parten para decir que desconocen lo que se hace fuera de su región.
3. Estados Unidos es América; y por ende, existe el sueño americano sólo en ese país.
4. Cito, sólo como algunos ejemplos actuales, a Jerónimo Pimentel: “Cuatro apuntes sobre nueva poesía peruana”, En Quehacer Nro. 149, jul-ago, 2004; y “Poemarios”, En Odumodneurtse! Nro. 3, marzo, 2003, en su sección Insulas!, p. 13.
5. También llamado “Perú profundo”, “resto del país”, o “de provincia”, etc.
6. Aquí sí me atrevo a decir Nacional.
7. Rolando Luque Mogrovejo: Viva Voz. Antología de la poesía en Arequipa, generación ‘80. Arequipa, Edición auspiciada por CONCYTEC, 1990, p. 9; 1ra. ed.
8. Ídem., Ibídem.
9. Tito Cáceres Cuadros: Literatura Arequipeña. Arequipa, Editorial UNSA, 2003, p. 198.
10. Lenin Velarde y José Córdova: “Arequipa y la generación del 80: Entrevista a Luzgardo Medina Egoavil”, En Ablaciones Nro. 4, 2003, p. 3.
11. “Editorial”, Ablaciones Nros. 1/5, MMIV/XII, p. 3.
12. Cf. Jimmy Barrios Rivera: “Sobre traficantes y hacedores”, En Semanario El Buho Nro. 147, 16-22 de julio, 2004. Jimmy co-organizó: Tráfico I, encuentro de revistas, fanzines y publicaciones independientes-Arequipa 2004, el 15 y 16 de junio, donde se comprueba la circulación de más de 30 publicaciones independientes, tan sólo en el transcurso de 3 años.
13. La revista llevaba el nombre del grupo; el primer número salió con el subtítulo de “I encuentro de literatura joven”, y en el tercero y último, quizá a manera de epílogo, se lee este manifiesto a manera de introducción: «... Todavía creamos para sentir y ser conscientes de nuestro ser. Para ser, en lo que esa palabra contiene de riesgo y locura, por que volver a la fluidez de nuestro espíritu requiere de una orgía, donde todo exceso de vida es poco, donde la satisfacción desenfrenada de las pasiones no encuentra fin; para poder con ellas parir ideas nuevas de lo que somos y lo que fuimos, porque todo futuro necesita de una búsqueda que no se fatigue, ya que la vida creada o la vida en creación no conoce de puertos, ella sólo sabe de islas, de tormentas, de brisas. La poesía no se plasma, ni piensa, ni siente; sino que se vive todo a la vez, y ella nos ata y libera... ». Posteriormente optaron por separarse y tomar rumbos distintos.
14. Fue editado en fotocopia y la intencionalidad primera, es salirse del formato estándar, por eso el libro tiene un formato A-4, donde el ludismo es protagonista; por ello, el poema también se representa a través de simbologías, teoremas y componentes axiomáticos.
15. José Gabriel Valdivia: “Libros de poesía 2003”.


en la foto: José Luis Córdova

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